
Por Medicina Responsable
26 de marzo de 2026La farmacia comunitaria vive una transición silenciosa. No porque esté abandonando su modelo tradicional, sino porque la realidad sanitaria actual, marcada por el envejecimiento de la población, el aumento de las enfermedades crónicas y la polimedicación, está poniendo de manifiesto que dispensar medicamentos ya no basta para cubrir todas las necesidades de los pacientes y del propio sistema sanitario.
Esta es una de las conclusiones principales de la mesa coloquio “Nuevos servicios farmacéuticos: cuando dispensar ya no basta”, celebrada en el marco de Infarma Madrid 2026, donde distintos expertos analizaron, a partir de experiencias nacionales e internacionales, cómo puede evolucionar el papel de la farmacia hacia un modelo más asistencial.
El debate partió de una realidad respaldada por datos: hasta el 50% de los eventos adversos tras el alta hospitalaria son evitables y el 92% están relacionados con medicamentos, una cifra que sitúa el foco en lo que ocurre después de que el paciente abandona la consulta o el hospital y comienza el uso del tratamiento en su vida cotidiana. “Es un buen momento para preguntarnos si estamos dando al paciente únicamente lo que espera o si podemos acompañarle mejor en el uso de sus medicamentos”, planteó Emilio García Jiménez, farmacéutico comunitario en Granada.
Más allá del debate teórico, la mesa puso sobre la mesa experiencias concretas que ya están redefiniendo el papel de la farmacia comunitaria.
En la Comunidad de Madrid, por ejemplo, se están impulsando servicios orientados a mejorar la adherencia terapéutica en pacientes polimedicados o en riesgo de soledad no deseada mediante los sistemas personalizados de dosificación (SPD). Además, las farmacias madrileñas participan activamente en iniciativas de salud pública, como el programa Prevecolon, destinado a la detección precoz del cáncer colorrectal. Desde diciembre ya se han dispensado más de 160.000 kits de cribado a través de las oficinas de farmacia.
En Andalucía, otro ejemplo relevante es el de la dispensación excepcional, un mecanismo que permite dar respuesta a pacientes que necesitan acceder de forma urgente a su tratamiento crónico cuando no pueden obtener la receta de forma inmediata.
Este sistema permite que la farmacia actúe con rapidez y criterio profesional, manteniendo además la comunicación con el médico. Para ello se ha habilitado en el módulo de receta electrónica un canal específico que permite a los farmacéuticos informar sobre posibles problemas relacionados con los medicamentos, como duplicidades de tratamientos, cambios de posología o efectos adversos.
Si se observa el panorama internacional, el desarrollo de los servicios farmacéuticos es aún más evidente. En regiones como Alberta (Canadá), los farmacéuticos pueden prescribir en determinadas situaciones clínicas, realizar revisiones completas de la medicación, atender dolencias menores o llevar a cabo pruebas diagnósticas para la detección precoz de infecciones, todo ello dentro de modelos estructurados y remunerados.
Situaciones similares se encuentran en países como Reino Unido o Noruega, donde los servicios farmacéuticos están integrados en el sistema sanitario y se remuneran por su contribución a resolver problemas de salud leves o mejorar el uso de los medicamentos, reduciendo así la presión sobre otros niveles asistenciales. “Hoy ya no se discute la importancia de los servicios farmacéuticos. El reto es dar el siguiente paso: pasar de la retórica a los hechos”, señaló Luis Panadero, tesorero en funciones del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid.
A su juicio, ese salto requiere ir más allá de proyectos piloto y apostar por generar evidencia científica sólida que respalde el valor de estos servicios y facilite su incorporación estructural al sistema sanitario.
España cuenta con una de las redes de farmacias más accesibles de Europa, con miles de establecimientos distribuidos por todo el territorio. Esa capilaridad ofrece un potencial importante para reforzar su papel en ámbitos como la educación sanitaria, la detección precoz de enfermedades o el seguimiento de tratamientos.
La experiencia reciente demuestra esa capacidad. Desde su participación en campañas de vacunación hasta el seguimiento farmacoterapéutico de pacientes crónicos, la farmacia comunitaria ha mostrado que puede contribuir de forma directa a mejorar resultados en salud. “El valor de la farmacia no está solo en el medicamento, sino en todo lo que ocurre alrededor de su uso”, explicó Jaime Acosta, farmacéutico comunitario en Madrid.
Acosta recordó además que 57 países ya administran vacunas en farmacias, algo que todavía no está plenamente desarrollado en España. “España es una excepción entre los países más desarrollados, por lo que aún hay mucho camino por recorrer”, señaló.
Durante el debate, los expertos coincidieron en que la evolución del modelo farmacéutico no pasa por sustituir la dispensación de medicamentos, sino por ampliarla y enriquecerla. “El valor no está en el medicamento, sino en el conocimiento que el farmacéutico puede aplicar para mejorar su uso y ofrecer servicios adicionales que contribuyan a prevenir, hacer un mejor seguimiento y reducir la presión sobre otros niveles asistenciales”, resumió García Jiménez.
En un contexto marcado por la cronicidad, el envejecimiento y la incorporación de nuevas tecnologías —incluida la inteligencia artificial en la gestión sanitaria—, la farmacia comunitaria se encuentra ante una oportunidad para reforzar su papel como agente sanitario cercano, accesible y resolutivo.
Una oportunidad que, según se apuntó durante la sesión, dependerá en gran medida de la capacidad del sector para seguir evolucionando y ofrecer respuestas a un paciente que, más allá del medicamento, cada vez demanda más acompañamiento, información y una atención personalizada.